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Día de la lengua materna - Del apartheid a la immersió

Concordia Catalana 21/02/2022
La represión cultural también existe cuando se persiguen las lenguas mayoritarias

Todos hemos oido hablar del apartheid.  Sudáfrica y Namibia fueron sometidas por una minoría blanca a un vergonzoso sistema de segregación racial que dividía a sus ciudadanos en dos grupos según su color de piel.  Para muchos adultos esa barbaridad parece cosa de hace mucho, mucho tiempo, mientras que (por poner un ejemplo) recordamos las olimpiadas de Barcelona como si hubieran sucedido ayer (al menos los que tenemos más de 45 años) y nos cuesta creer que el año en que finalizó el apartheid fuese el mismo en el que la llama olímpica descansó en Barcelona.

Pero aunque la esencia de aquella discriminación fuese el racismo, una vertiente que ningún sudafricano olvida es la represión cultural.  Pese a existir una mayoría angloparlante, la elitista minoría blanca pretendía imponer el Afrikaans como única lengua, porque la lengua era un factor clave en la construcción nacional del nacionalismo sudafricano.  La lengua inglesa, mayoritaria y de ámbito global, suponía para los sudafricanos un vínculo cultural con los británicos, y eso no gustaba a los nacionalistas, que rechazaban los vínculos que consideraban coloniales en favor de la lengua propia.

Por tanto, a la conocida segregación por raza en los colegios se añadió una política de sustitución linguística, negándose a los niños su derecho a ser educados en su lengua materna.  El Afrikaans era una lengua minoritaria, pero era la lengua del régimen nacionalista, por lo que el Partido Nacional la impuso como lengua única vehicular en todas las escuelas, fueran de blancos o de negros. Alumnos y profesores se rebelaron y fueron duramente reprimidos por el régimen, lo que causó cientos de muertes, incluso entre los niños.

Lo sucedido en aquél periodo no solo hizo que el mundo tomase conciencia, aún más, del sinsentido que supone la segregación racial, sino también de que no siempre son las minorías las marginadas y reprimidas, porque en ocasiones, cuando una minoría elitista controla el poder y se beneficia de una ley electoral injusta y unos recursos superiores, puede reprimir la cultura y los derechos de una mayoría.

Naciones Unidas sostiene el consenso evidente de que todas las lenguas han de ser preservadas y de que todos los ciudadanos tienen derecho a desarrollarse en su lengua materna.  Por ello la UNESCO, agencia especializada de Naciones Unidas, instauró en 1999 el 21 de febrero como Día Internacional de la Lengua Materna, un derecho que debería ser evidente pero que aún es negado por políticos cuyos objetivos no priman los derechos de sus ciudadanos.

Así ocurre hoy en Cataluña, cuando frente a los colegios en los que unos padres piden para su hijo el derecho a estudiar en su propio idioma se organizan manifestaciones con banderas independentistas.  Como este fin de semana en Esplugues del Llobregat, cuando un pequeño grupo de activistas de Arràn han vociferado frente a una carpa de Escuela de Todos (que ha requerido la protección de los mossos d'Esquadra) mientras desplegaban una pancarta que clamaba en Catalán: "Por la lengua y por la tierra, los jóvenes en pié de guerra".  Porque cuando la lengua se reprime, suele ser por causas políticas.

Porque los árboles, las montañas o la tierra que cubre el suelo no hablan Inglés ni Afrikaans, ni Español ni Catalán.  La cultura, y en especial la lengua materna, es patrimonio de las personas, y nunca les debe ser negada.

Ese es el derecho que hoy se reivindica en todo el mundo.

#MotherLanguageDay

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