De patrias y lenguas

Miguel Del Amo 03/12/2019 112
En estos momentos de demagogia y trampas electorales con la lengua, seamos pragmáticos
Dejó escrito Pessoa: "Mi patria es mi lengua". El portugués veía más soportable una agresión a su país que a su cultura, a su lengua.  Sin embargo para Rilke la patria era la infancia.
 
Estos dos pensamientos son importantes y muy en vigencia si vives en esta Cataluña actual donde hasta la supuesta izquierda huye de la palabra "España" y donde los niños van creciendo año a año, complejo a complejo.
 
Pessoa y Rilke tenían razon: Para la mayoría de catalanes la patria es la lengua y la patria es la infancia.  Y es que la lengua de nuestra niñez fue el Castellano y para los niños de ahora, a pesar de ímprobos y baldíos esfuerzos, también.  Y es que la única política lingüística aceptable en la democracia es la que no existe.  Afortunadamente la inmensa mayoría de españoles estamos de acuerdo en que en el momento de emplear a una mujer no se la puede discriminar por su sexo, pero sí se acepta y se da por bueno que una persona cualificada no pueda acceder a un empleo en la administración por no satisfacer una exigencia abusiva de conocimiento de una lengua cooficial.
 
Actualmente más de quince millones de españoles residentes en Galicia, País Vasco, Navarra, Cataluña, Baleares y Comunidad Valenciana pueden ser, o lo han sido ya, víctimas de discriminación.  En el País Vasco tienen graves problemas pero la lengua no es ni ha sido mayor que ellos.  Las tres líneas en función de la lengua vehicular, aunque mejorables, favorecen la libertad.  Es cierto que en Cataluña la mayoría nos inclinaríamos por el bilingüísmo, pero por encima de nuestros gustos particulares prevalecen la libertad y el pragmatismo.  Debemos incentivar el movimiento de ciudadanos españoles por todo el territorio nacional.  A día de hoy si Cataluña quiere captar talento la lengua supone una barrera infranqueable.  No escogemos a los mejores, nos tenemos que conformar con una raquítica elección: sólo entre aquellos que dominan el catalán. Una elección muy, muy chata.
 
Normalicemos de una vez el uso de la lengua en Cataluña.  Pero normalicemos de verdad. Respetemos a la mayoría que piensa, escribe y habla el castellano, o español, llámenle ustedes cómo mejor les parezca.