La Armonía de las Carcajadas

Carlos Martín 30/10/2019 198
Los continuos actos de vandalismo cometidos por grupos numerosos de radicales separatistas tiñen de violento al movimiento autodenominado “Revolución de las Sonrisas”
La revolución de las sonrisas no me está haciendo puñetera gracia. Que el 99% de los manifestantes separatistas no sean violentos no lo convierte en un movimiento pacifista, sería como aceptar que un narcotraficante que no delinque el 99% del tiempo es mayoritariamente un hombre honrado. Si luces un lamparón de tomate en la pechera, aunque el noventa y nueve porciento permanezca limpia, tu camisa está sucia y tienes que mudarte.  Si sufres una dolencia crónica, aunque el noventa y nueve por ciento de tu cuerpo goce de salud, estás enfermo y debes cuidarte.
 
La violencia ensucia cualquier acto y muestra una ostentosa enfermedad de la sociedad. Esto exige una limpieza y un tratamiento urgentes. Por el contrario observamos permisividad por parte de los dirigentes políticos, especialmente por parte del govern de Cataluña, que no denunció los actos violentos y prefieren auditar las actuaciones de su propia policía autonómica con este escenario ya no nos sorprende que la presidenta de año éste se activa declarar que esta violencia tiene "una parte positiva".  "Gente de paz" que declara sin inmutarse que la violencia tienen una parte positiva. ¿Os imaginais algo parecido en boca de un político constitucionalista? ¿Qué ocurriría si los que no somos separatistas invadiéramos aeropuertos, cercáramos estaciones de tren, cortáramos carreteras, autopistas, bloqueáramos universidades quemáramos contenedores, arrancáramos el pavimento para utilizarlo como munición y nos manifestásemos encapuchados y con la cara cubierta?
 
No perdais el tiempo en visualizarlo: no lo vamos a hacer. Nos dolería destruir nuestra obra, lo que hemos construido entre todos durante décadas y con gran esfuerzo. Destruir tu propia ciudad y perjudicar conscientemente la economia de tu comunidad es de imbéciles, de imbéciles supinos. Son tan necios que no son conscientes de que en el caso improbable de que consiguiesen sus objetivos se trataría de una victoria pírrica de manual, con el éxodo de los centros de producción, el sector turístico gravemente mermado, los centros logísticos trasladados y las pymes en regresión, muchos de estos iluminados tendrían que buscar trabajo en esa España que tanto odian, no sin dificultad por la falta de formación como consecuencia de estar más pendientes de cortar la via pública que de acudir a clase. Los que tengan que trasladarse para conservar sus empleos tendrán que explicar a sus hijos por qué tienen que odiar a sus nuevos compañeros de colegio y por qué tienen que odiar a sus nuevos profesores que no ostentan lazos amarillos ni les hablan de política. Tendrán que vigilar que sus vástagos no muten a "rufianes" y repudien "la terra dels avis" (la tierra de los abuelos), que no sean del Real Valladolid y que no prefieran ir de vacaciones a Cullera.
 
Este hipotético escenario si tendría cierta gracia, incluso como para troncharse de risa. Pasaríamos de la "revolución de las sonrisas" a la armonía de las carcajadas.