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La muerte del pensamiento crítico - ¿Por qué somos tan manipulables?

José A. Ruiz 01/04/2019
Líderes carismáticos nos manipulan con hermosas palabras.. ¿Puede evitarse?

¿Qué nos pasa?

El mundo parece enfrentarse a un importante retroceso en el pensamiento crítico de las masas.  El grito siempre parece más fuerte que el diálogo y el puño más poderoso que la mano tendida.  En todo el mundo, millones de personas inteligentes se convirten en rebaños acríticos dispuestos a dejarse llevar por idearios tan simplistas que avergonzarían a un niño, cegada la razón por una emoción facilmente manipulable y manipulada.  Este artículo no pretende realizar un análisis riguroso, pero sí plantear diversos escenarios, conceptos y preguntas que pueden tener relación.

La egolatría del liderazgo

No podemos negarlo.  Muchos líderes mundiales, y en especial los más poderosos, son grandes ególatras con actitudes peligrosas y un un equilibrio mental cuando menos discutible.  Donald Trump, Kim Jong Un, Vladimir Putin, Nicolás Maduro, Recep Erdogan.. son ejemplos opuestos al sentido común y al razonamiento, que contrastan con otros líderes más templados y razonables como Angela Merkel, o Emmanuel Macron.   Su belicismo, su egoismo y su falta de escrúpulos es tan palpable que cabe preguntarse cómo es posible que atraigan a tanta gente.

Emotividad frente al razonamiento

Gobernar es difícil.  Eso lo saben todos los que lo han intentado.  Difícil de hacer, frustrante, y sobre todo difícil y aburrido de explicar para una audiencia a la que se acostumbra a tenerlo todo bién explicado, de forma rápida y breve.  Por tanto, los eslóganes simplistas, "Juntos por el Si", "Brexit significa Brexit", "Hagamos América grande otra vez", "España nos roba", levantan emociones básicas que buscan provocar euforia, catarsis o rencor.. y que sustituyen a los programas de gobierno en las mentes de innumerables electores que se tienen por razonables. 

La decadencia de los gestores

No es la causa, pero sí la excusa.  Los buenos gobernantes son buenos gestores, pero cuando los gestores llevan tiempo administrando la logística de un país, a menudo se sirven de ella para sus fines particulares.  Cuando esa debilidad sale a la luz, los populismos de retórica breve y sentimientos inflamados tienen algo a lo que agarrarse para criticar, no ya la debilidad del sistema, sino al sistema en si.  La corrupción en la democracia puede ser usada por los arribistas para negar la democracia misma.

La radicalización paulatina

El germen de la destrucción puede plantarse a partir de una reivindicación muy razonable, aunque no siempre cierta (las balanzas fiscales, una desigualdad ante la ley) cuando lo que se pretende es una división por motivos mucho menos razonables (la raza, la lengua, la religión).  Esa reivindicación inicial puede ser asumida desde la razón, mientras que la emoción tras ella se contagia a quienes se suman.  Tras un bombardeo lento, constante, paulatino, las emociones (de orgullo, alienación y rencor) son lo que quedan, y el razonable y pacífico discrepante del principio es ahora un furibundo y convencido fundamentalista.

El acto de fé

La mayoría de personas no somos capaces de cuestionar las bases de nuestra ideología de forma constante.  Ese es un defecto inherente al ser humano.  De jóvenes podemos ser fácilmente convencidos de algo y de lo contrario, pero cuando una ideología adquiere la calidad de dogma, cuando la interiorizamos y vivimos acorde a ella, dejamos de cuestionarla.  A todos los niveles, esa ideología usa en nuestra mente los mismos mecanismos que la religión, y es igualmente incuestionable.

La dificultad de rectificar

Y no solo dificultad, sino en muchos casos imposibilidad.  Una vez una persona lógica, razonable y consciente asume una ideología en calidad de dogma de fe, es ciega a cualquier evidencia que la desmienta.  Los argumentos (ciertos o falsos) fueron básicos para formar su fé, pero ahora es la fé la que se esfuerza en crear argumentos para rebatir lo que el convencido ve, lo que el convencido oye, e incluso lo que siente.  Para no sufrir, para no admitir la verdad de que tal vez se ha equivocado, y ha desperdiciado parte de su vida y su energía en un camino incorrecto.

Finalmente

Las ramificaciones de estas ideas escritas a vuelapluma son muchas, y las posibles soluciones exceden el propósito de este artículo, pero muchos de estos factores se esconden en mayor o menor proporción en muchas luchas furibundas que arrastran a masas guiadas por líderes inconscientes.  Sean populismos de izquierda, nacionalismos de ultraderecha (disfrazados, tal vez, de ultraizquierda), fundamentalismos machistas o feministas (la igualdad de sexos es una causa noble, pero sus militantes son tan manipulables como el resto), todos beben de estas fuentes en diferente medida.  Del régimen de Maduro al de Hitler, del de Franco al de Mussolini, De Milosevic a Puigdemont.  Siempre ha habido y habrán movimientos nacionalpopulistas, y siempre gente que crea que tras ellos está la salvación.

¿Qué se ha hecho del pensamiento crítico?

 

 

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