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Voces Layetanas

Alta política en Barcelona

Aún es incierto el desenlace del gámbito que se juega en la capital catalana, pero las piezas están sobre el tablero y la jugada se desarrolla en unos términos que no se habían visto en España en mucho, mucho tiempo.   De una parte, la falsa derrotada, Ada Colau, último baluarte del comunismo populista duramente abatido en toda España, que ya se veía vencida por su indiscutible mala gestión.  De otra, una Esquerra Republicana, crecida y triunfadora, que le arrebata el podio a Colau por la mínima y que cree llegado su momento al recoger los restos de los naufragios de la CUP y del partido del nombre cambiante.   Los demás no pueden rivalizar.  Han de ser meros espectadores.   Pero no rivalizan.  Bajo el podio, Manuel Valls desafía a Rivera y echa a andar su calculadora (esa que parece haber perdido Meritxell Budó) y lanza una jugada inesperada:  Todos sus apoyos son para su rival, Ada Colau, si elige pactar con los socialistas.  Sin nada para él.   Algo nunca visto.  Una jugada de estadista.  Valls sabe que su escaso poder es, pese a todo, un gran poder, y en su campaña prometía "no a la independencia", por lo que se decanta sin rubor alguno por cumplir lo prometido, por el diablo conocido, por el mal menos malo.  Y sabe que sus bases no se lo reprocharán.   Colau duda.  Podría entenderse con los Socialistas.  Ya lo ha hecho antes.  Pero no es eso lo que quiere.  No desea cerrar las puertas a Esquerra Republicana.  Al fin y al cabo, Colau votó doble si en aquella parodia de referéndum conocido como el 9-N, deseando con ilusión que Cataluña dijese adios a España, aunque no puede decírselo así a sus bases.  No la votarían, sino que la botarían.   Así que juega a escudarse en un "gran pacto de izquierdas", para no decir adiós a su Ernest Maragall, que la seduce mientras sostiene con una mano sobre su hombro la chaqueta echada a la espalda que no ha soltado en toda la campaña. Como si Esquerra tuviese algo más de izquierda que la que adorna su nombre.  Como si sus carteles electorales hubiesen estado llenos de propuestas sociales en lugar de lazos y fotos de presos.  Por tanto Colau menciona la connivencia del PSOE con el artículo 155 (si, el que evitó el golpe de estado) y da un tímido paso atrás.   Y entonces Collbony también se mueve.  Da él también un paso adelante, y emulando a Valls (como diciendo "por mí que no quede") declara que la alcaldía tampoco es obstáculo.  Que Colau no debe preocuparse por disputarse con nadie el trono de hierro, y que puede volver a ser, si lo desea, la alcaldesa "superpower" de Barcelona.   ¡Qué situación para Colau!  Atrapada entre su (no tan) oculto deseo independentista y su (manifiesta) egolatría.  Poder ganar por mayoría indiscutida aún habiendo perdido.  Cuatro años más de chollo y bicoca pese al nefasto legado solo a cambio de no mojarse más de lo que lo ha hecho hasta ahora.   Porque Barcelona ha hablado.  Un 60% ha votado izquierda, efectivamente.  Y un 60% ha votado NO al nacionalismo.  Ese maldito doble eje de la política catalana..   Los de Esquerra ladrarán airados, sin duda.  Dirán que Colau ha traicionado el "mandatdemocrátic" de los barceloneses al aislar a la fuerza más votada.   Pero, en fin, ellos hicieron lo mismo en el parlament con Ciudadanos, ¿No?.  Además, todo puede justificarse con las palabras adecuadas, y Colau ya lo ha hecho antes.   ¿Qué podrá más?  ¿Qué decidirá la alcaldesa?  ¡Ah!, esa brillante palabra... "alcaldesa"..

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TV3, la metadona del 'procés' nacionalista

Lo confirman los últimos estudios de audiencia.  El televidente independentista calma su ansiedad en la TV3.  Desde antes de las leyes de desconexión y el referéndum ilegal, la televisión pública de Cataluña, con su inequívoco sesgo independentista, ya era la preferida del nacionalismo.  En incluso tras aquellos días el público secesionista buscaba con avidez la repercusión mediática del desafío en medios nacionales de izquierda y críticos con el gobierno de derechas (léase la sexta) y en diarios internacionales que se habían dejado llevar por el aparente buenismo de los líderes nacionalistas y por la violencia acrecentada por las fake news.   Pero ante la ausencia de apoyos internacionales y la generalización de las críticas tanto a la forma como al fondo de la acción separatista, el público pro-secesión se ha quedado cada vez más huérfano de medios que avalen o al menos disculpen las actuaciones del nacionalismo catalán.  Los diarios internacionales que simpatizaban con la causa del independentismo ahora la cuestionan, los líderes que apoyaban al "exiliado" Puigdemont ahora no quieren fotografiarse con él, y las televisiones que asumían el marco mental nacionalista se distancian cada vez más de unas acciones que poco tienen que ver con las palabras con que se adornan.   Resultado de ello es que al televidente nacionalista le asalta esa frustración de la que tantas veces avisó el anterior presidente español, Mariano Rajoy, (en lo que sin duda fué uno de sus poquísimos aciertos).  Y esa frustración, ese alejamiento entre la realidad manifiesta y las espectativas creadas, solo encuentra alivio en TV3 y el canal 3/24, así como en Catalunya Radio.   Sin TV3 el nacionalismo se hubiera sentido vapuleado por mazazos tan contundentes como la resolución del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo contra la denuncia de los parlamentarios independentistas, que no solo niega violación alguna de sus derechos sino que descalifica los presuntos fundamentos democráticos del referéndum del 1 de octubre.  Sin embargo ahí está TV3, reciclando uno de esos informes que cuestionan la prisión preventiva y que ha sido elaborado por un pequeño grupo colaborador ONU, haciéndolo pasar en prime time como si las propias Naciones Unidas, en sesión plenaria, exigiesen a España la liberación de los "presos políticos".   Efectivamente, los canales de la CCMA, feudos de las incansables Pilar Rahola y Mónica Terribas, siguen siendo el filtro de color (amarillo) a través del cual el televidente independentista puede seguir el juicio del "procés" pensando inocentemente que a quien se está juzgando es al estado español.  Este televidente sufriría una auténtica angustia al visionar en crudo el streaming en directo del juicio, los demoledores argumentos con que los propios Mossos (e incluso la misma directiva de TV3) desmontan las endebles defensas de los acusados.  Es necesario el hábil editaje de la televisión independentista y los comentarios triunfalistas de presentadores y tertulianos de un mismo signo y color (otra vez el amarillo) para que el televidente nacionalista pueda respirar con más calma y seguir pensando que no pasa nada, que "lo tenemos a tocar".   A falta de la droga dura que desde hace siete años ha recibido en vena, esta metadona le permite alejar de sí la sombra de la depresión, ese bajón que irremediablemente sigue a un estado de euforia prolongada inducida por medios artificiales.   Desde luego, es mejor la metadona que el síndrome de retirada, agresivo y violento, que experimentan aquellos a los que TV3 ya no hace ni efecto, a los que salen a la calle y ven que su república no existe.  Por que esa reacción sí puede ser peligrosa.  

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El enemigo es el diálogo

Muchas voces, dentro y fuera del nacionalismo, opinan que el veto de los partidos independentistas a Miquel Iceta es un tiro en el pie.  Iceta había sido criticado por demasiado "blando" con el nacionalismo por criticar el denostado 155 al que su partido apoyó, (que lejos de ser un horrendo abuso a las instituciones supuso la recuperación de la democracia) y sus deseos de indulto a los presos, su federalismo indisimulado y sus comentarios a favor de un referéndum acordado "si se diese la mayoría suficiente" que habían levantado ampollas en sus compañeros de formación.  Ni siquiera los comunes se habían mostrado jamás tán comprensivos, tan tolerantes, tan dialogantes con el nacionalismo.   Y por eso su figura al frente del Senado era tan relevante: Un catalán dialogante más allá de lo aconsejable como cabeza del cuarto poder. Un señor que nunca ha destacado demasiado pero que no le cae mal a nadie porque no quiere ni puede disimular su tendencia al baile y al histrionismo, tan estrafalario como simpático.  Todo un gesto de que el diálogo, si se pretende, tiene esta vez en Madrid a un interlocutor real le pese a quien le pese.   Y es esta situación la que alarma tanto a Esquerra Republicana como al PDECAT.  Su estrategia se ha basado siempre en una persistente reclamación de diálogo, aunque siempre en unos límites que lo hacían inviable.  Una gestualidad que otorgaba buenos réditos entre sus seguidores y les hacía autoconvencerse de lo buenos, democráticos y dialogantes que eran frente a un gobierno "del estado" intransigente y abusón.   El diálogo, el auténtico diálogo, es su enemigo.  Pero el diálogo de verdad, aquél en el que ambas partes ceden un poco.  Porque cuando se defiende una posición de máximos en un juego del todo o nada, el compromiso jamás se logrará en uno de los extremos.  Y el extremo es la única meta de un nacionalismo catalán que no ha sabido o no ha podido ir adaptando su relato para adecuarlo a la realidad.   Por eso su veto a Iceta, tiro en el pie incluido, es tan coherente.  No están listos para dialogar. Porque dialogar significa ceder;  y si ceden un milímetro, su combustible electoral se agotará y pueden acabar tan "exiliados" como Puigdemont, pero no de la justicia Española, sino de los furibundos Hoolligans que ellos mismos han creado.  

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La muerte del pensamiento crítico - ¿Por qué somos tan manipulables?

¿Qué nos pasa? El mundo parece enfrentarse a un importante retroceso en el pensamiento crítico de las masas.  El grito siempre parece más fuerte que el diálogo y el puño más poderoso que la mano tendida.  En todo el mundo, millones de personas inteligentes se convirten en rebaños acríticos dispuestos a dejarse llevar por idearios tan simplistas que avergonzarían a un niño, cegada la razón por una emoción facilmente manipulable y manipulada.  Este artículo no pretende realizar un análisis riguroso, pero sí plantear diversos escenarios, conceptos y preguntas que pueden tener relación. La egolatría del liderazgo No podemos negarlo.  Muchos líderes mundiales, y en especial los más poderosos, son grandes ególatras con actitudes peligrosas y un un equilibrio mental cuando menos discutible.  Donald Trump, Kim Jong Un, Vladimir Putin, Nicolás Maduro, Recep Erdogan.. son ejemplos opuestos al sentido común y al razonamiento, que contrastan con otros líderes más templados y razonables como Angela Merkel, o Emmanuel Macron.   Su belicismo, su egoismo y su falta de escrúpulos es tan palpable que cabe preguntarse cómo es posible que atraigan a tanta gente. Emotividad frente al razonamiento Gobernar es difícil.  Eso lo saben todos los que lo han intentado.  Difícil de hacer, frustrante, y sobre todo difícil y aburrido de explicar para una audiencia a la que se acostumbra a tenerlo todo bién explicado, de forma rápida y breve.  Por tanto, los eslóganes simplistas, "Juntos por el Si", "Brexit significa Brexit", "Hagamos América grande otra vez", "España nos roba", levantan emociones básicas que buscan provocar euforia, catarsis o rencor.. y que sustituyen a los programas de gobierno en las mentes de innumerables electores que se tienen por razonables.  La decadencia de los gestores No es la causa, pero sí la excusa.  Los buenos gobernantes son buenos gestores, pero cuando los gestores llevan tiempo administrando la logística de un país, a menudo se sirven de ella para sus fines particulares.  Cuando esa debilidad sale a la luz, los populismos de retórica breve y sentimientos inflamados tienen algo a lo que agarrarse para criticar, no ya la debilidad del sistema, sino al sistema en si.  La corrupción en la democracia puede ser usada por los arribistas para negar la democracia misma. La radicalización paulatina El germen de la destrucción puede plantarse a partir de una reivindicación muy razonable, aunque no siempre cierta (las balanzas fiscales, una desigualdad ante la ley) cuando lo que se pretende es una división por motivos mucho menos razonables (la raza, la lengua, la religión).  Esa reivindicación inicial puede ser asumida desde la razón, mientras que la emoción tras ella se contagia a quienes se suman.  Tras un bombardeo lento, constante, paulatino, las emociones (de orgullo, alienación y rencor) son lo que quedan, y el razonable y pacífico discrepante del principio es ahora un furibundo y convencido fundamentalista. El acto de fé La mayoría de personas no somos capaces de cuestionar las bases de nuestra ideología de forma constante.  Ese es un defecto inherente al ser humano.  De jóvenes podemos ser fácilmente convencidos de algo y de lo contrario, pero cuando una ideología adquiere la calidad de dogma, cuando la interiorizamos y vivimos acorde a ella, dejamos de cuestionarla.  A todos los niveles, esa ideología usa en nuestra mente los mismos mecanismos que la religión, y es igualmente incuestionable. La dificultad de rectificar Y no solo dificultad, sino en muchos casos imposibilidad.  Una vez una persona lógica, razonable y consciente asume una ideología en calidad de dogma de fe, es ciega a cualquier evidencia que la desmienta.  Los argumentos (ciertos o falsos) fueron básicos para formar su fé, pero ahora es la fé la que se esfuerza en crear argumentos para rebatir lo que el convencido ve, lo que el convencido oye, e incluso lo que siente.  Para no sufrir, para no admitir la verdad de que tal vez se ha equivocado, y ha desperdiciado parte de su vida y su energía en un camino incorrecto. Finalmente Las ramificaciones de estas ideas escritas a vuelapluma son muchas, y las posibles soluciones exceden el propósito de este artículo, pero muchos de estos factores se esconden en mayor o menor proporción en muchas luchas furibundas que arrastran a masas guiadas por líderes inconscientes.  Sean populismos de izquierda, nacionalismos de ultraderecha (disfrazados, tal vez, de ultraizquierda), fundamentalismos machistas o feministas (la igualdad de sexos es una causa noble, pero sus militantes son tan manipulables como el resto), todos beben de estas fuentes en diferente medida.  Del régimen de Maduro al de Hitler, del de Franco al de Mussolini, De Milosevic a Puigdemont.  Siempre ha habido y habrán movimientos nacionalpopulistas, y siempre gente que crea que tras ellos está la salvación. ¿Qué se ha hecho del pensamiento crítico?    

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Diferencia entre libertad de expresión y totalitarismo

En los últimos días, el presidente de la región española de Cataluña, Quim Torra, juega al juego de despistar al gobierno de España y a la junta electoral, que le han indicado en varias ocasiones que los espacios públicos han de mantenerse libres de simbología política, y muy especialmente en época electoral. En un alarde de demagogia, el presidente regional, siguiendo las instrucciones del ex-presidente fugado a Waterloo, ha retirado en primer lugar el cartel en el que calificaba a los políticos juzgados por el golpe de estado de "presos políticos" y ha colocado en su lugar otro cartel en el que sustituye el lazo amarillo por uno blanco.  Tras un segundo aviso, ha retirado este segundo cartel, pero horas después ha colgado en su lugar una tercera pancarta en la que reivindica la "libertad de expresión" y hace referencia al artículo 19 de la declaración universal de los derechos humanos.   Al mismo tiempo anima a todos sus fieles a colgar tantos carteles y pancartas de su ideología como sea posible. Ello suscita varias e interesantes reflexiones: 1º La ocupación constante, forzada y abusiva del espacio público por parte de una única ideología, que además retira cualquier otra simbología y vigila que nadie toque sus símbolos, ya tiene un nombre.  Totalitarismo. 2º La libertad de expresión la ejercen las personas de forma libre y voluntaria.  Y esta libertad, como todas, acaba donde empieza la del vecino.  No puede invadirse todo el espacio público con una única simbología desde instituciones que pertenecen a todos y retirar sistemáticamente (como hacen las brigadas censoras de la alcaldesa de Barcelona) cualquier simbología diferente.  Cualquier ciudadano europeo puede entender este concepto.  La única manera de no entenderlo es no querer entenderlo. 3º Finalmente, y como todos los mensajes del nacionalismo catalán, estos carteles se expresan en dos idiomas: catalán e inglés.  Es curioso que la lengua más hablada de Cataluña, el español, (que en Barcelona habla más del 75% de habitantes) sea siempre excluida de los mensajes del nacionalismo, y en cambio se utilice el inglés para su difusión internacional.  De hecho, no se ha impreso un solo cartel de "libertad presos políticos" en la lengua mayoritaria de los catalanes pues, como dijo recientemente una política nacionalista "es la lengua del enemigo". Es conveniente no caer en estas manipulaciones de concepto, tan queridas por el nacionalismo. - El totalitarismo NO es libertad de expresión. - Los políticos juzgados por el golpe de estado NO son presos políticos. - Y la república catalana NO existe. Son cosas fáciles de entender, si se quieren entender.

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Supergirl contra los CDR

¿Os imagináis a los superhéroes americanos defendiendo a la gente de malvados CDR que pegan a la gente portando esteladas? Pues no es necesario que lo hagáis.  Podéis verlo en televisión.   El mundo nos mira, afirman los independentistas. Y es cierto.   Esta semana visité a mi hermana, y en una de esas largas sobremesas, los niños abandonaron sus sillas y se pusieron al televisor. Los adultos solemos abstraernos de sus conversaciones hasta que algo que dicen nos llama la atención. En este caso fué una frase corta:   "..Supergirl les está protegiendo de los CDRs.."   Obvia decir que la conversación en la mesa de los adultos se detuvo momentáneamente entre risas.  Fue entonces cuando me fijé en lo que veían. Mi hermana es seguidora de las series de superheroes de DC, y suele ver los episodios de Supergirl cuando se emiten en Estados Unidos. En aquél momento, SuperGirl se enfrentaba a unas fuerzas paramilitares vestidas de ocre, que con la cara tapada y una estrella amarilla en el pecho, atacaban a los superhéroes al grito de "expulsemos a los invasores", frase calcada a la que pronunció Puigdemont en una conocida locución.   Nunca me acabará de sorprender la receptividad de los niños, que habían reconocido un paralelismo bastante obvio. Por curiosidad seguí viendo el episodio, y los paralelismos no acababan ahí. Los comandos paramilitares que mi sobrino había identificado como CDRs eran racistas y despreciaban a los superhéroes porque muchos eran de otros planetas, se dedicaban a patrullar los barrios e identificar a los "invasores", y marcaban sus casas con pintura afirmando que "la tierra siempre sería de los humanos". Más adelante acosaban y agredían a los marcados. Le pregunté a mi sobrino si eran los villanos del episodio, y me dijo que eran los villanos de toda la temporada.  Superman, Supergirl, Manchester Black y otros héroes del universo DC que no reconocí se aliaban para defender a la gente de los supremacistas de amarillo. En una mareante coincidencia, el líder de los comandos racistas era enviado a prisión por alentar a la violencia.. ¡y sus seguidores se manifestaban en las calles reclamando la libertad del "preso político"! ¡Literalmente!   Ya en aquel momento pensé que tal cúmulo de coincidencias bien merecía un artículo, y eso que aún no había visto la imagen que me despejó todas las dudas.   El presidente de los Estados Unidos (un recuperado Bruce Boxtleiner) alertaba de la corriente fascista que se levantaba con las concentraciones populistas que exigían la liberación del "preso político", y un televisor en su despacho emitió ¡imágenes de una manifestación del independentismo catalán!. Aquél televisor presidencial se llenó de manifestantes con esteladas, tanto esteladas azules como esteladas amarillas, las que usaba "terra lliure" y que ejemplificaban el lema de los supremacistas terrestres "Tierra Libre".. de invasores.   El episodio que vi es el nº 12 de la cuarta temporada. Lleva por título "The Menagerie" (La colección de fieras), y se emitirá próximamente en HBO. Y es solo un ejemplo de como la visión del mundo ante el independentismo catalán está cambiando. Hace unos meses, las banderas esteladas podían verse en manifestaciones pacíficas en china, mezcladas con símbolos de libertad. Hoy cada vez más el acervo cultural las enmarca en movimientos xenófobos, insolidarios y excluyentes. Algún guionista de DC lo ha sabido ver.   El mundo nos mira, afirman los independentistas.   Pues es cierto. Y no le gusta lo que ve.

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Risas que hielan la sangre en Amer

Amer es el pueblo donde nació Carles Puigdemont.  Es una pequeña y bonita aldea de la Gerona rural, con poco más de 2200 habitantes.  De ellos, 1514 tienen derecho a voto, y la mayoría votan al partido de su vecino nacionalista, el líder cuya efigie adorna la plaza.  Sueñan con liberarse de quienes no piensan como ellos, y por eso, cuando los representantes de partidos políticos no nacionalistas les "provocan" (simplemente yendo a su pueblo) se creen en la obligación sana y cívica de "echarles".  Evidentemente no es sencillo, ya que la ley dice que todo el mundo tiene derecho a expresarse, por lo que los agentes de la ley impiden las agresiones, dificultan el lanzamiento de objetos y demás boicots.  Pero siempre les quedan las risas.   Y reirse de los discrepantes debe ser sano, pues hasta el líder de los nacionalistas, Quim Torra, dice que los españoles son "bestias parlantes con forma humana" y que los catalanes discrepantes "tienen un bache en su ADN", el mismo Oriol Junqueras afirma que el ADN del hombre catalán "está más próximo al de los franceses que al de los Españoles" (¡cuanto genetista en las filas nacionalistas!), y el mismo hijo predilecto de la villa, el muy huido Carles Puigdemont, afirmó en un mítin que "había que expulsar al invasor".   Por eso los fieles del pueblo no ven nada incorrecto en que uno de los ancianos del lugar, acompañado de un abanderado nacionalista, limpie a conciencia el lugar donde ha pisado Inés Arrimadas, la joven catalana, cabecilla del partido más votado de Cataluña en las pasadas elecciones, que ha venido a decir que todos podemos convivir unidos y en paz, y mientras el anciano (ante la imagen de Puigdemont que bendice la escena) frota y frota el suelo con denuedo, los vecinos ríen y aplauden, animándole: "¡De-sinfec-tem, de-sinfec-tem! (Desinfectemos). Tal vez con el mismo ritmo y cadencia con el que su líder Quim Torra arenga a los CDRs (sus camisas pardas particulares) "¡Apretad, apretad, que haceis bién en apretar!"  Los medios nacionalistas califican esta escena de "ocurréncia simpática".   ¿Por qué odian tanto a Inés que necesitan desinfectar su rastro? ¿Es por que no piensa como ellos? ¿O es porque osa llamarse a sí misma "catalana", siendo como es "charnega"?  Pues "charnegos" (o perros) es como denominan los supremacistas a los catalanes que tienen sangre de "fuera".  En el caso de Inés Arrimadas, su "sangre" (que cualquier buén biólogo vería indistinguible de la de otro español, francés o italiano) proviene de Andalucía... como la de la abuela del líder Puigdemont, por poner un ejemplo.  Pero es que el nacionalismo ayuda a limpiar la sangre mejor que nada.   Pero lo más impresionante de la escena es lo que no se ve.  Porque esas alegres gentes de pueblo no se ríen para el anciano, o para si mismas.  Ni siquiera para esta cámara que las graba y que enviará esa amenaza a su enemigo.  No.  En absoluto.   Esa gente se ríe bién alto para que les oigan los 240 vecinos de su propio pueblo que tuvieron la osadía de votar a partidos como Ciudadanos, PP, PSOE, o Podemos.  Vecinos que no creían en el nacionalismo excluyente y que ahora miran con miedo esa escena propia de los años treinta del siglo pasado.  240 vecinos capaces de votar, que son 352 si contamos a sus hijos.  El 16% de habitantes de un pueblo que no pueden decir lo que piensan sin enfrentarse a la exclusión social.   Y lo más incomprensible.  Los vecinos que se creen superiores, los que sienten el impulso de "desinfectar" el suelo que pisan los "animales"... ¿Con qué palabra se refieren a sus enemigos?  ¡Les llaman acaso judíos?  No.  Se puede oir con claridad.  Les llaman "ratas fascistas".  ¿Recordais a Amon Goeth, en la lista de Schindler? Amon también llamaba a los judío ratas, y por eso era un fascista.   Palabras huecas por la ignorancia.   Risas en el crepúsculo. Observadas desde ventanas entrecerradas.   Risas que hielan la sangre.

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