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Tabarnia, o por qué Torra no quiere confinar Barcelona

José A. Ruiz 25/07/2020
La amenaza de confinamiento sobre el área metropolitana devuelve el foco a esa realidad a la que muchos llaman Tabarnia

Cataluña ya está inmersa en una segunda ola, con previsión de una tercera en septiembre, el gobierno Francés recomienda a sus ciudadanos que eviten viajar a Cataluña y el Financial Times critica duramente la gestión de la Generalitat, resaltando la lentitud de reacción, la torpeza al actuar como si "el virus fuese a respetar el periodo de vacaciones" y las hostilidades hacia el gobierno central.  Barcelona y Hospitalet son caldos de cultivo del virus y las únicas medidas tomadas son la regulación horaria de ciertos sectores y el cierre de otros, mientras las cifras no paran de crecer.  A muchos residentes del área metropolitana nos fastidiaría mucho un confinamiento perimetral de la misma, pero tal vez ayudaría a contener esta segunda ola.  Sin embargo, no parece que desde la Plaça Sant Jaume vayan a hacer otra cosa que poner tiritas.  Y este hecho, más allá de ser fruto de la torpeza de un gobierno que se ha visto superado, tiene también un elemento político innegable.  Veamos algunos datos muy reveladores.
 
Más de la mitad de Cataluña
 
El primer dato curioso lo tenemos en las cifras altisonantes de afectados por el amago de confinamiento perimetral del área de Barcelona, la capital de Lleida y el Segrià.  "Más de cuatro millones de Catalanes".  Seguro que has escuchado esa frase.  Una mancha enorme en el Segrià y una manchita pequeña que es el área metropolitana de Barcelona (quinta gráfica), apenas un detalle en medio del vasto mapa de Cataluña.  Esta última manchita parece insignificante en una comunidad autónoma que presume de tener 7,5 millones de habitantes ("7,5 milions de futurs" rezan los eslóganes de la Generalitat).  Pero es que en esa pequeña manchita, en el área metropolitana Barcelonesa, viven más de tres millones de Catalanes, la mitad de toda Cataluña.
 
Los núcleos más poblados
 
El segundo dato curioso es el hecho de que sean estos núcleos los afectados, pero en este caso la explicación es bastante obvia: La densidad de población.  Es evidente que el factor de la presencia de los temporeros en el este de Huesca y la comarca del Segrià ha facilitado que prenda la mecha en aquella zona, pero la afectación en zonas como la capital de Lérida la ha facilitado su densidad de población, y ni que decir tiene que el enorme ratio de habitantes por metro cuadrado de Barcelona y Hospitalet ha sido el caldo de cultivo de los rebrotes en el área metropolitana.  En modo alguno los núcleos afectados lo han sido porque sus habitantes sean más negligentes.  Es simplemente que son más numerosos, como podemos apreciar en la segunda gráfica.
 
Protestas sin complejos
 
El tercer dato, muy significativo, lo dan las evidentes protestas de la población y de los alcaldes de los municipios afectados.  La Generalitat está muy acostumbrada a que los alcaldes acallen cualquier crítica que pueda salpicar a sus gobernantes autonómicos y la desvíen convenientemente contra "Madrit".  Es cierto que la manifiesta incompetencia de gestores como El Homrani, Vergés o el propio Torra son capaces de hacer que incluso el alcalde de Lleida salga a denunciar (lacito en ristre, eso sí) el abandono al que la Generalitat ha sometido a su población, pero las protestas en las calles son posibles porque la mayoría de los votantes de la capital de Lleida son constitucionalistas.  En el área metropolitana de Barcelona el efecto es aún mayor, porque los alcaldes también lo son, mayoritariamente del PSC, aunque también del PP y de los comunes, por lo que es mucho más fácil que denuncien el descontrol reinante que si fueran de ERC o posconvergentes.
 
Porque no podemos olvidar que tanto el área metropolitana de Barcelona como la capital de Lleida y la Vall de Aràn son áreas mayoritariamente constitucionalistas, (como ilustra la tercera gráfica) del mismo modo que lo son los 18 mayores municipios de Cataluña (excepto Gerona), y en los casos en los que han acabado con un alcalde independentista (Tarragona y Lleida) se ha debido siempre a la consabida "pinza por la izquierda" entre PSC y Podemos para desalojar a partidos constitucionalistas en beneficio de la autodenominada "izquierda soberanista".
 
La singularidad Tabarnesa
 
Es evidente que Tabarnia (tercera gráfica) no existe como entidad oficial (al igual que no existe la tan cacareada "República Catalana") pero es una realidad incontestable a nivel social, político y económico.  Puede que muchos puedan discrepar de su extensión territorial, o incluso del nombre "Tabarnia", pero las características serían las mismas si en lugar de Tabarnia se la denominase "Cataluña Oriental" o "Cataluña Este" (como Irlanda del Norte).  Porque esta realidad tiene unas características notables y diferentes a las del resto de Cataluña:  Se trata de una población mayoritariamente bilingüe, urbanita, cosmopolita y sin fronteras que, sin embargo, vive a expensas de las decisiones de una minoría cuyo voto está sobrerepresentado porque Cataluña es la única comunidad autónoma de España sin ley electoral propia, por lo que su voto es el menos democrático, ya que está fundamentado en una disposición arbitraria del fallecido president Tarradellas que asignaba escaños por provincias y que hace que en la práctica el voto de un catalán de Lleida valga el doble o más que el de un Barcelonés.  Una ventaja antidemocrática que el nacionalismo aprovecha mimando esas áreas despobladas para derrotar el voto "tabarnés".  La utopía democrática de "una persona, un voto" sería veneno para el nacionalismo, y por eso han bloqueado cualquier intento de aproximarse a la misma.
 
El miedo de Quim Torra
 
Y es por todo lo expuesto por lo que Torra no puede aplicar en el área metropolitana de Barcelona las medidas adoptadas en el Segrià.  La reacción en los territorios de Lérida, donde el voto vale el doble, puede haber perjudicado ya bastante sus perspectivas electorales, pero un confinamiento perimetral obligatorio en el área metropolitana de Barcelona (gráfica 6) no solo sería una constatación de que su gestión ha sido la peor de toda España (como si hicieran falta más pruebas), sino que también cohesionaría el rechazo de todo el área tabarnesa contra las políticas del gobierno nacionalista que entre otras cosas ha tocado de muerte al turismo en Cataluña.  Las elecciones van a ser antes de final de año si o si, y las perspectivas ya no son buenas para el nacionalismo, con la amenaza de rebrotes descontrolados en septiembre que darían al traste con las expectativas generadas, ya que un aumento de la participación y del voto de castigo tanto en el área metropolitana como fuera de ella podrían hacer que por primera vez el nacionalismo no pudiese reunir una mayoría absoluta ni con el comodín de la anomalía electoral que siempre les ha favorecido.
 
No.  Torra no puede confinar Tabarnia, a riesgo de insuflar nueva vida a un rival al que teme.
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